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Montado en su brioso corcel, divisó desde la mitad del páramo el castillo que se dibujaba a contraluz en la cima del altozano. Decididamente se dirigió hacia él con la esperanza de poder guarecerse durante la noche.
Al acercarse alcanzó a oír unos gritos de socorro que salían de una de las torres. Una mujer estaba solicitando ayuda con la voz desgarrada y un tono lastimero que le indujo a espolear su caballo y acercarse a galope hasta la muralla.
Una vez allí, levantando su yelmo, preguntó .
- ¿Quién sois y que os ocurre? - Soy la princesa Stefany Plumkier y he sido secuestrada del castillo de mi padre por un dragón que me tiene prisionera. - No os preocupéis bella princesa, que ha llegado el caballero que os salvará de vuestro encierro. - Si me liberáis, caballero, me casaré con vos.
Y dicho lo anterior, el caballero se dirigió hacia la poterna del castillo mientras increpaba al Dragón a que saliera para batirse en duelo. Al poco, asomó por el rastrillo un Dragón de color verde esmeralda, que arrojando llamas por la boca y volutas de humo por la nariz arremetió contra el caballero con aviesa intención.
El caballero logró esquivarlo haciendo que el caballo cabriolara, y de un certero golpe hirió al dragón en la espalda hiriéndole en el lomo. El dragón cayó al suelo aparatosamente levantando una enorme nube de polvo. IOR al caballero y salió huyendo hacia el bosque Tiró el combate, dejando claro que le habían vencido. Seguidamente liberó a la princesa y montándola a la grupa de su corcel se encaminó al reino de su padre para recibir su bendición, desposarla y vivir en el castillo.
Cuando llegó ante el rey se extrañó de la escasa alegría que manifestó éste al ver a su hija, pero supuso que sería por la emoción y la sorpresa. En pocos días se preparó la boda y el festejo, cumpliendo la bella princesa la promesa realizada.
El cabo de medio año, avanzaba un caballo con el caballero por el páramo en dirección al castillo. A la grupa, amordazada, una princesa hermosa como una rosa gimoteaba y daba pataditas. Al llegar a la puerta del castillo, el caballero se arrodilló implorando al Dragón que encerrara de nuevo a la princesa en la almena del castillo y la amordazara para que nadie más cayera en el error de querer salvarla.
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